Funeral de Víctor Hugo

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El funeral del escritor Víctor Hugo, fue según los presentes, el espectáculo más grandioso visto en muchos siglos.

Víctor Hugo está considerado como un de los mas grandes escritores en lengua francesa,además de político e intelectual comprometido e influyente en la historia de su país del siglo XIX.

Víctor Hugo

Víctor Hugo

El 18 de mayo de 1885 los medios franceses se hicieron eco de la grave enfermedad que le aquejaba. La nación entera estuvo atenta del desarrollo de sus últimos días. Por fin el 22 de mayo el escritor fallecía a la edad de 83 años. El gobierno de la Tercera República no dudó en despedir por todo lo alto al hombre que había ayudado a sentar las bases de la democracia y su entierro se convirtió en funeral de Estado. Fue enterrado en el Panteón de París, el 1 de Junio de 1885. Fue la primera persona que, pese a no ser miembro del clero, el ejército o la nobleza, fue enterrado en el Panteón, el monumento mortuorio que hasta entonces sólo había estado reservado a las clases altas.

En este “espectáculo” la idea de la MUERTE estuvo ausente. Según los presentes, suponía una fiesta de la apoteosis de la vida. El pueblo no vio la muerte tétrica y desconsoladora. Celebraban la consagración de un genio que dejó un enorme legado con sus obras a la Humanidad.

Francia y todas su colonias, Bélgica, Holanda, Suiza, Austria,Rusia, Grecia, España,Italia, Rumanía, Servia, Inglaterra, Dinamarca, América entera, Egipto, Arabia y Japón, figuraban en el cortejo.

El coche fúnebre que conducía los restos del escritor era humilde por imposición testamentaria, tal era el talante del finado. Y sobre él, una corona de palma y otra de laurel. A su paso, todos se descubrían e inclinaban, un silencio sublime reinaba entre la inmensa muchedumbre. Siete horas duró el recorrido del féretro, desde su inicio hasta el Panteón. En el momento de la salida, pronunciaron discursos en el Arco del Triunfo, donde el cadáver estuvo expuesto el día anterior. Unas dos millones de personas vieron pasar el séquito de este magnífico funeral.

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El Panteón, ofrecía una imagen sin igual: oriflamas y gasas cubrían en parte su torre; de la azotea pendían banderas con las iniciales del difunto. La verja, llena de palmas y laureles. Las gradas de coronas, y debajo del glorioso pórtico, todas las personalidades de Francia recibiendo a las comisiones, y sobre el catafalco, fue depositado el féretro, cubierto de flores y ramos, rodeado de colosales candelabros cubiertos con una gasa.

descarga París demostró ser digno pueblo a la altura del hombre que glorificaba.


Información sacada de:

– Mis antepasados y yo: apuntes para unas memorias. (Pompeyo Gener)

http://recuerdosdepandora.com/historia/el-multitudinario-funeral-de-victor-hugo/

Las Hermanas Fox.

Hermanas Fox

Hermanas Fox

Las Hermanas Fox fueron tres mujeres de Nueva York que revolucionaron el estudio de lo paranormal.

Kate Fox (1837–1892), Margaret Fox (1833–1893) y Leah Fox (1814–1890) aseguraron que su casa estaba habitada por espíritus. En 1848, Kate y Margaret, vivían en una casa en Hydesville, Nueva York, que tenía fama de estar embrujada. En marzo de aquel año la familia comenzó a inquietarse tras escuchar sonidos en medio de la noche que no tenían un origen claro. La familia se acostó temprano la noche del viernes 31 de marzo. Margaretta y Catherine, sentían miedo de los ruidos y se habían instalado en la habitación de sus padres. Sin embargo, se animaron a responder a los golpeteos que escucharon. hydesvillehouse

Según las chicas, los golpes afirmaban que ellas habían sido elegidas para convencer al mundo de que había una vida después de la muerte.En pocos días, los sonidos cesaron, pero los objetos, en ocasiones incluso muebles, comenzaron a moverse…

Un tío que se hospedaba en la casona decidió confrontarse con el supuesto espíritu y lo desafió a golpear la edad de las muchachas. La entidad no solo anunció las edades de las chicas, sino que éstas incluso advirtieron su nombre en el aire, susurro que no fue audible para nadie más. El espíritu dijo que podían llamarlo el Señor Splitfoot, un reconocido apodo del diablo.

A partir de entonces la casa de Hydesville se convirtió en el vértice de apariciones asombrosas. El espíritu de un tal Charles B. Rosma, que había sido asesinado cinco años antes, empezó a efectuar declaraciones escalofriantes en los oídos de las muchachas. Entre otras cosas, aclaró que su cadáver había sido enterrado en el sótano.

Las chicas fueron dispersadas hacia distintas casas de familiares y amigos, pero los fenómenos paranormales parecían seguirlas allí donde se establecían. Todos los anfitriones declararon escuchar voces pavorosas y sonidos que en nada se parecían a las modulaciones de la voz humana.

Las hermanas Fox adquirieron popularidad cuando realizaron una serie de sesiones espiritistas en Nueva York en 1850, que atrajeron a un número extraordinario de personalidades destacadas del arte y la política. Naturalmente, esta popularidad también atrajo críticos, como Charles Grafton Page, un abogado con una larga trayectoria desenmascarando fraudes sobrenaturales. En su libro de 1853: Psicomancia(Psychomancy), Page denuncia que los sonidos extraños provenían de una región inaccesible a la vista justo debajo de la falda de las muchachas, e incluso elabora la hipótesis de que las hermanas Fox eran una suerte de ventrílocuas genitales, capaces de imitar la voz humana mediante la retención y expulsión de aire a través de su aparatos reproductores.

Las sesiones espiritistas de las hermanas Fox se fueron transformando más en eventos sociales frívolos que en verdaderos intentos de comunicarse con el más allá. La crítica se volvió despiadada, pero las muchachas habían ganado el beneplácito de Horace Greely.

Tras la muerte de su primer marido, Leah contrajo segundas nupcias con un exitoso banquero de Wall Street, quien la estimuló a continuar su carrera como médium. Margare tuvo menos suerte. En 1852 se casó con Elisha Kane, un explorador del círculo ártico, que rápidamente se convenció de que su nueva esposa era un fraude. Sin embargo, ningún marido logró separarlas.

Comenzaron a realizar viajes alrededor del mundo gestionados por mecenas interesados en sus dotes de médiums, y así recorrieron prácticamente toda Europa.

Con los años las sesiones espiritistas de las hermanas Fox fueron ganando en espectacularidad. No solo había sonidos, sino presencias perfectamente identificables. Electoplasama fluía generosamente de las bocas, narices y distintos orificios de las muchachas, agrupándose luego para dar forma a entidades familiares a sus patrocinadores.

“Las chicas fueron ridiculizadas y sufrieron con frecuencia agresiones físicas; hasta se atentó contra sus vidas. Cuando un comité investigó los fenómenos y no pudo encontrar pruebas de superchería, sus conclusiones fueron ignoradas y se nombró un segundo comité, más severo. Cuando también éste informó que no había encontrado pruebas de engaño, los enemigos de las chicas se enfadaron aún más. Las hermanas Fox no podían llevar una vida normal. Se marcharon de Rochester a Troy, después a Albany, capital del estado, y finalmente a Nueva York, donde llegaron en junio de 1850.”

 Aunque es cierto que los procedimientos de investigación eran primitivos, desde el punto de vista actual, debemos aceptar que los neoyorquinos que acudieron a ver a las hermanas Fox no estaban dispuestos a que nadie se burlara de ellos; cientos de espectadores acudieron dispuestos a ser los que revelarían al mundo cómo se fraguaba la impostura, y salieron convencidos de que el fenómeno desafiaba las explicaciones normales.

A esas alturas habían aparecido otros médiums que pretendían emular a las hermanas Fox, pero ninguno amenazó su preeminencia. Los fenómenos evolucionaron desde las preguntas y respuestas por medio de golpes hasta la escritura automática y las manifestaciones en voz alta, culminando en la comunicación oral, en la que los espíritus se «apoderaban» de las médium. Los mensajes eran acompañados por toda clase de fenómenos físicos: movimientos de muebles, teleportaciones, levitaciones de los asistentes o de la médiums, toda clase de ruidos y una amplia variedad de fenómenos luminosos. Una y otra vez, las hermanas fueron puestas a prueba, con más severidad cuando Kate se sometió a las investigaciones de William Crookes mientras visitaba Inglaterra. Crookes dio fe de su autenticidad con persuasiva insistencia:

“Durante varios meses he disfrutado de la oportunidad casi ilimitada de comprobar los diversos fenómenos que ocurrían en presencia de esta dama, y examiné especialmente los fenómenos auditivos… Parece que sólo es necesario que coloque su mano en cualquier sustancia para que se produzcan en ella fuertes golpes, como una pulsación triple, que a veces son tan fuertes que se oyen a varias habitaciones de distancia. He escuchado… esos sonidos que provenían del suelo, las paredes, etc., cuando las manos y los pies de la médium estaban sujetos, cuando estaba de pie sobre una silla, cuando estaba suspendida del techo en un columpio y cuando se desvaneció en un sofá… Los comprobé de todas las formas que se me ocurrieron, hasta que tuve que llegar a la conclusión de que eran hechos auténticos y objetivos, no producidos mediante trucos o medios mecánicos”.

Pero no todos estaban tan convencidos. Desde el principio, los escépticos afirmaron que las hermanas hacían trampa. Nunca lograron demostrar sus afirmaciones, y las explicaciones que proponían eran, en general, totalmente inadecuadas. Pero sus teorías iban a recibir un inesperado apoyo, primeramente de la familia de las hermanas Fox y después de las mismas médiums.

Eventualmente la necesidad de impresionar a su audiencia fue haciéndolas más y más proclives a cometer errores. Las tres hermanas Fox desarrollaron una afición obsesiva por el alcohol, y sus sesiones ya no fueron las mismas. Ya en el ocaso de sus carreras declararon abiertamente haber cometido innumerables fraudes, pero aseguraron que éstos surgieron en un segundo momento, y que al principio tanto las apariciones como los sonidos eran genuinos, pero que éstos cesaron misteriosamente cuando abandonaron la casona de Hydesville. En conjunto anunciaron que aquel espíritu de Charles B. Rosma, que aseguraba haber sido enterrado en el sótano de Hydesville, era real, pero que sus sucesores no lo fueron en absoluto.

El día en que las hermanas Fox admitieron haber cometido fraude, fue un día feliz para los escépticos. No obstante, esta confesión fue posteriormente revocada. ¿Qué pensar de las fundadoras del espiritismo?

Tres años después de aquellos acontecimientos que marcaron época, una tal señora Culver hizo unas declaraciones en Arcadia (Nueva York) que causaron gran revuelo. Estaba emparentada con los Fox, ya que la hermana de su marido era la esposa de David, hermano de las Fox.

Declaró que: “Durante dos años había creído sinceramente en la comunicación por golpeteos; sin embargo, algo que vi en una visita que hice a las hermanas me hizo sospechar que hacían trampa. Decidí que de alguna manera debía salir de dudas, y algún tiempo después me ofrecí a Catherine para ayudarla en sus demostraciones”. 

Catherine, al parecer, aceptó de buen grado su ofrecimiento, y pasó a enseñarle cómo se hacían los trucos: “Los golpes se producen con las puntas de los pies. Hay que utilizar todos los dedos. Después de practicar durante casi una semana, con Catherine al lado enseñándome, también yo fui capaz de producir estos golpes.”

Hoy en día es imposible averiguar cuál fue el motivo de la revelación de la señora Culver. Puede que se tratara simplemente de amor a la verdad, o que hubiera por medio una cuestión de celos. A primera vista su revelación no parece que pueda explicar todos los fenómenos relacionados con las hermanas Fox.

Por otro lado, es un hecho que se observó y examinó una y otra vez a las hermanas y que nunca fueron descubiertas en flagrante impostura. Tal como señaló su defensor, Horace Greeley, editor del Tribune, era, en efecto, posible que muchas cosas de las que ellas realizaban las pudiera hacer también un mago en el escenario. Sin embargo éstos eran artistas profesionales con experiencia, y en cambio las dos niñas no poseían las mismas habilidades que ellos, ni estaban entrenadas.

Sin embargo, los razonamientos de sus defensores y los resultados favorables de las investigaciones fueron olvidados cuando el 24 de septiembre de 1888 Margaretta (entonces señora Kane) comunicó a un periodista del New York Herald que tenía la intención de revelar que su actuación como médium había sido un engaño desde el principio basta el fin. Su hermana menor, Catherine (entonces señora Jencken) acudió desde Inglaterra para apoyarla. El 21 de octubre se congregó en la Academia de la Música de New York una gran multitud que quería oír la confesión:

“Estoy aquí esta noche para denunciar, como una de las fundadoras del espiritismo, que todo ha sido un engaño desde el principio al fin, que se trata de la más absurda de las supersticiones, la más vil blasfemia conocida en el mundo”.

El New York Herald describió la reacción:

“Se produjo un terrible silencio. Todos sabían que se encontraban ante la principal responsable del espiritismo, su fundadora, su más alta sacerdotisa y médium. Se puso de pie sobre una pequeña mesa de pino, calzada sólo con medias. Mientras ella se mantenía inmóvil pudieron oírse diversos golpes fuertes, tan pronto en las bambalinas, como detrás del escenario o en el pasillo… La señora Kane se excitó. Comenzó a dar palmadas, a bailar y chilló: «¡Es un engaño! ¡El espiritismo ha sido desde el principio al fin una farsa! ¡No es más que un truco! ¡No hay nada de verdad en ello!» Siguió un torrente de aplausos.”

Ese hubiera debido ser el golpe mortal al movimiento de cuyo nacimiento Margaretta era responsable. No obstante, pese a que la mayoría de los presentes quedaron convencidos, otros no, y sus reservas se vieron justificadas al cabo de un año, cuando Catherine primero y Margaretta después se retractaron de su confesión. Margaretta recalcó que todo lo que había dicho en contra del espiritismo era «absolutamente falso». Se negó a decir quiénes la presionaron, pero mencionó que «altas jerarquías de la Iglesia Católica hicieron todo lo que pudieron para que entrara en un convento». De hecho, se había convertido al catolicismo poco después de la muerte de su marido.

También culpó a su hermana Leah, acusándola de haberlas arrastrado a ella y a Catherine en ese asunto. Pudo muy bien ser que Leah animara a sus hermanas menores y que, siendo la que tenía más sentido práctico y visión del futuro, tomara la decisión de embarcarse las tres en un tipo de vida en el que el estrés emocional y social era inevitable. No obstante, nunca anteriormente sus hermanas habían mostrado resentimiento.

¿Cuál era, pues, la verdad que se escondía detrás de la confesión y posterior retractación? Indudablemente, si Margaretta era capaz de producir sobre el escenario golpes simulados, demostrando así sus facultades para engañar al público, hay motivos más que suficientes para pensar que también utilizó estos trucos durante sus actuaciones como médium.

La sospecha de que, al menos algunas veces, hacía trampa fue confirmada por una fuente inesperada: su marido. El explorador del Ártico Elisha Kent Kane se había enamorado de Margaretta cuando ésta contaba sólo 13 años de edad. En contra de la voluntad de su familia la estuvo cortejando durante tres años, hasta que finalmente se casó con ella. A su muerte, Margaretta publicó las cartas y versos que él había escrito durante aquellos años. Contenían abundantes pruebas de que su marido creía que hacía trampas. «Oh, Maggie –escribió en una carta–, ¿no te cansas nunca de esta monotonía sin fin de continuos engaños?» Y en otra: «No puedo soportar el pensar que estás enredada en un asunto de maldad y engaños.»

El hecho de que Margaretta autorizara la publicación de estos documentos acusatorios sugiere que era consciente de haber estado empleando trucos. Sin embargo, si aceptamos la declaración hecha en 1888 de que todo fue un engaño desde el principio al final, nos encontramos casi con tantas cuestiones por resolver como si aceptamos que todo es verídico. Una de las personas más famosas que se sentaren junto a las hermanas Fox fue la cantante Jenny Lind, que distinguió entre los fenómenos físicos y mentales: «Aunque vosotras fuerais capaces de producir estos sonidos, es imposible que contestéis las preguntas que me han sido contestadas esta noche.»

Nos han quedado docenas de testimonios contemporáneos de gente convencida –a menudo en contra de su escepticismo inicial– de las cualidades psíquicas de las hermanas Fox. Esto no significa que las actuaciones de las hermanas se aceptaran como lo que pretendían ser. Muchas personas entre ellas, Horace Greeley, admitían la veracidad del fenómeno como tal, pero mantenían una opinión más abierta con respecto a su naturaleza:

“Sea cual sea el origen o la causa de los golpeteos, lo que es un hecho es que las señoritas en cuya presencia se dan estos ruidos no los producen. Las señoritas afirman haber sido informadas de que esto no es más que el comienzo de una nueva era, en la cual los espíritus encarnados estarán más estrecha y claramente conectados con aquellos que han adquirido inmortalidad… De todo esto no sabemos nada, ni podemos aventurar nada. Pero si nos limitáramos a escribir las preguntas que hicimos y las respuestas que obtuvimos durante una sesión, se nos acusaría de haberlo hecho adrede para apoyar la teoría que considera estos fenómenos como manifestaciones de espíritus difuntos.”

Parece razonable atribuir las «confesiones» de las dos hermanas menores a los avatares de su vida personal: ambas eran aún colegialas cuando todo comenzó; ambas habían sido catapultadas desde un oscuro medio rural hasta una posición prominente en una de las ciudades más grandes del mundo. El trágico fin de la romántica historia de amor de Margaretta hubiera desequilibrado a cualquier muchacha menos vulnerable. Margaretta se dio a la bebida y a la droga, como había hecho su hermana antes de casarse con el abogado Henry Jencken. A pesar de que este matrimonio le dio dos hijos, terminó también con la temprana e inesperada muerte del marido. En estas circunstancias, y quizás influenciadas también por los enemigos del espiritismo, no es de extrañar que las dos hermanas –ninguna de las cuales fue nunca muy inteligente– llegaran a un estado de confusión en el que la verdad y la falsedad se confundían.

El 22 de noviembre de 1904, cuando las tres hermanas Fox estaban muertas, la casa de Hydesville fue examinada por una empresa inmobiliaria que la había adquirido recientemente. Un cronista del Boston Journal fue invitado a la inspección. La partida no halló nada extraño, salvo algunos objetos que pertenecieron a las hermanas Fox. El único hallazgo asombroso se produjo en el sótano, donde se encontraron restos óseos de animales mezclados con huesos humanos, cuya identidad nunca logró aclararse.

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Información sacada de:

http://elespejogotico.blogspot.com.es/

http://www.mundoparanormal.com/

http://www.arrakis.es/

Luto.

El luto es la expresión medianamente formalizada de responder a la muerte, es decir, la muestra externa de los sentimientos de pena y duelo ante el fallecimiento de un ser querido. En los países occidentales, esto incluye los entierros, las esquelas y ropa de luto, entre otros.

En esta entrada me centraré en el luto en España.

Uno de los aspectos más desconocidos es que su origen obedece a un conjunto de leyes y reglamentos dispuestos por los Reyes Católicos.

En el siglo XVI, a raíz de la muerte del príncipe Juan, en 1497, y debido a una serie de sucesos funestos acaecidos en la corte, los Reyes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla ordenaron la Pragmática de Luto y Cera, por la cual, el luto debía representarse con el color negro.

Anteriormente, el luto era blanco y fue a partir de esta pragmática cuando se prescribió que la manifestación de dolor y pena por la muerte de un ser querido debía hacerse con el negro. En esta Ley también se prohibía la presencia de plañideras en los velatorios y cortejos fúnebres, así como los gritos y escandalosos llantos de dolor, propios de las mujeres. Se pretendía, así,  que la muerte se oficiara con una ceremonia luctuosa y recatada.

Esta ley se dicta para poner coto a una costumbre que parecía estar muy arraigada, según la cual cuando moría un personaje principal, el luto que por él se guardaba corría a costa de los bienes de las villas y ciudades, lo que producía gastos excesivos que en ninguna manera podían justificarse.

Parece ser que esta era la finalidad de la pragmática, pero hay mandatos contemplados en esta ley que propasan su razonamiento y que hoy no se entienden. Así, por ejemplo, se prohibió el afeitarse la barba a los habitantes de la corte burgalesa, siendo sancionados con quince días de cárcel a los barberos quebrantadores.

Los Reyes Católicos quieren cortar por lo sano y disponen que se destinen para estos menesteres “2.000 maravedís y no más“, so pena de que todo lo que exceda de dicha cantidad sea devuelto “con otros dos tanto“, no solo por el que dispone del dinero (vamos a llamarle funcionario público o gestor de los bienes del municipio), si no también  por quien lo recibiere. Además, y ante el desmadre que reinaba en el tema del luto -en el que el nivel económico del difunto y su familia se medía en las manifestaciones externas como: el número de personas que vestían luto por él, las plañideras, las misas, las velas- la ley regula el número de personas que podían enlutarse.

Los vivos vestían luto por “padre, madre, abuelo, abuela u otro ascendente; suegro, suegra, marido, mujer, hermano o hermana“. Fuera de esto y, salvo para el fallecimiento de personas reales, nadie más debía ir de luto, exceptuando dos casos: el criado por su señor y el heredero “por quien le dexare”. Regula la ley el atuendo que debían vestir y el que no, tanto hombres como mujeres y el tiempo del luto (6 meses); la ornamentación de las casas y las iglesias y la parte relativa a la cera, que aparece en el título de la pragmática.

En lo que respecta a la ornamentación de las casas destinada a manifestar ese duelo, la Pragmática prohíbe expresamente “que se puedan poner ni pongan paños de luto, ni ante puertas, ni camas, ni estrados ni almohadas“; y en las iglesias se prohíbe levantar túmulos, y que solamente se pueda “poner la tumba con paño de luto u otra cubierta; y que no se puedan cubrir ni poner paños de luto en las paredes de dichas iglesias“.

La parte relativa a la cera y que es tan importante como para formar parte del título de la ley, se centra en la prohibición de “poner en la sepultura más de doce hachones o cirios“; y lo curioso es que no entraban en esa prohibición “las candelas y velas que portaban los clérigos, niños de doctrina y cofrades que acompañan los cortejos de difuntos“. Tampoco entraba en la prohibición la cera que se donaba a la Iglesia por parte del fallecido o sus herederos, a la que se comparaba con una limosna.

En lo que no había prohibición era en el número de misas, y la cantidad de limosna que se entregaba a la iglesia por el alma del difunto, ya fuese por disposición testamentaria del fallecido o realizado por sus herederos; de hecho el texto de la ley animaba a que lo que “antes se gastaba en vanas demostraciones y apariencias, se gaste y distribuya en lo que es servicio de Dios y aumento del culto divino y bien de las ánimas de los difuntos“.

La prohibición no es eficaz sin alguna pena que anime a cumplir lo dispuesto en la ley: “lo que viniere contra lo contenido [en la Pragmática] en todo o en parte […] ayan perdido dichos lutos que truxeren y caigan o incurran en pena de dos mil maravedís“, cantidad que se distribuía por tercios entre: denunciante, juez y obras pías.

El porqué del color negro como exteriorización de lo trágico debe su explicación a que el negro es el color de la noche, de la oscuridad, del misterio, de lo tétrico. La muerte ha evocado siempre miedo, y ese miedo se expresa con el negro. Con el luto se condenaba a los parientes y amigos del finado al estado de tristeza, de retraimiento, pero también a la parquedad en adornos, a la vida piadosa, a la reclusión y a la soledad; porque el luto no sólo consistía en llevar vestimenta negra, sino además en una serie de actitudes y prácticas dirigidas a vivir sumido en la tristeza, tanto individual como del entorno más próximo.

Durante el primer año de luto, la mujer viuda lo pasaba recluida en una habitación tapizada de negro, en la que no penetraba el sol. Al pasar ese año, pasaba a morar en una habitación de tonos claros pero desprovista de decoración tanto en paredes como en mesas. Se alejaba de todo lo superfluo y de lo lujoso. La misma actitud adoptaba la señora viuda con su vestimenta y su vida social.

“Ordenamos, i mandamos que de aquí adelante por ninguna persona, difunto de cualquier calidad, condicion, i preminencia que sea, se pueda traer, ni poner luto, sino fuere por padre, ò madre, ò abuelo, ò abuela, ò otro ascendiente, ò suegro, ò suegra, ò marido, ò mujer, ò hermano, ò hermana; i por otro alguno, en qualquiera grado de parentesco que sea, no se traiga, ni ponga, ni se pueda traer, ni poner luto, excepto por las personas Reales, i el criado por su señor, i el heredero por quien le dexare.

Otrosì que por ninguna de las susodichas personas, por quien se puede traer, i poner luto, no se traiga, ni ponga ni pueda traer, ni poner sobre la cabeza, cubriéndola con capirote, ò loba, ni en otra manera, ni dentro en casa, ni fuera, ni al tiempo del entierro, ni obsequias, ni en otro alguno, exepto por las personas Reales.”

Era tan sumamente severo el luto en España que hubo que reprobarlo en el Concilio de Toledo; y en 1729, Felipe V definió una nueva pragmática de lutos cuyas medidas más sobresalientes, para hacerse una idea de cómo se ejercía el luto en aquella época, fueron estas:

1) Se limita el luto a seis meses y a los consanguíneos del fallecido.

2) Se definen que los tejidos con los que debían estar confeccionados los trajes de luto de la nobleza por la muerte de un vasallo. Estos tejidos eran el paño, la bayeta o la lanilla de color negro.

3) Se prohíbe que las iglesias decoraran sus paredes, bancos y ataúdes con sedas de colores durante los funerales por considerarlos frívolos y desacordes con un acto tan triste.

4) Se restringe el uso del color negro en el interior de las viviendas, permitiendo sólo el uso de alfombras y cortinas de luto en el aposento principal de la casa.

5) Se veda el carruaje negro de luto que usaban los señores.

6) Se establece el uso de libreas de luto para los criados, fabricadas en paño de color negro y no de seda, por ser un tejido fastuoso.

El sucesor de Felipe V, Carlos III, reglamentó a mediados del siglo XVIII una nueva pragmática sobre lutos en la que se prescribía, incluso, el número de velas que habían de encenderse alrededor de la cama mortuoria (ocho velas, concretamente) y las telas que debían gastarse durante el período de luto.

Los reglamentos que se recogen en estas leyes han quedado postergados del marco legislativo actual, pero forman parte del acervo cultural. Se trata de costumbres que, aunque desfiguradas, han persistido en la sociedad, como son el llevar el atuendo en color negro, orlar las esquelas mortuorias con la franja negra, la manifestación de dolor y quietud de los más allegados al difunto, o el aislamiento social provocado por el decaimiento o tristeza interior.

Antiguamente, esta serie de demostraciones de dolor por la muerte, o el luto, era mucho más exagerado, llegando a extremos de abnegación profunda. Aunque el dolor fuera sincero, la sociedad imponía un conjunto de obligaciones que todo el colectivo debía cumplir para mostrarse fiel a la persona fallecida. Una de las mayores muestras de abnegación o sacrificio era renunciar a la vida social durante un lapso determinado de tiempo, comer frugalmente, llevar una vida austera y vestir de negro. Promesas más exageradas, y que registran muchos autores, son el no cortarse el pelo, afeitarse o cambiarse de ropa en un año.

El luto de antes puede sintetizarse en estos términos: recogimiento, silencio, clausura, vida piadosa y muestra de pesadumbre, todos ellos mucho más acentuados en el género femenino.

LAS MUJERES Y EL LUTO

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Centrándonos en el caso de España, es una evidencia que, antaño, a las viudas se las ha culpabilizado de la muerte del marido socialmente. No se trata de culpa en sentido estricto, sino de una culpa de sentimiento que adquirían las viudas,  aleccionadas por la comunidad. Esta situación acentuaba aún más su luto, en un intento de declararse más condolidas y culpables.

El luto de las viudas de principios del siglo XX consistía en ir vestidas de pies a cabeza de color negro, inclusive los complementos, como el abanico, pendientes, bolso, zapatos y collares. Las únicas piedras que las mujeres podían llevar en sus joyas eran el azabache, la amatista y el ónice, por tratarse de piedras oscuras.

El negro, así, copaba la vida de quien lloraba por la pérdida de un ser querido. Si pertenecía a una familia acaudalada, preparaba caballos y carruajes negros; vestía a los criados con libreas negras y daba la bienvenida al color del luto  en la casa, tanto en las cortinas como en el servicio de mesa.

Por otro lado, es sobradamente reconocido que las mujeres reaccionan ante la muerte de un allegado con manifestaciones de dolor mucho más visibles que los hombres. Antiguamente, las reacciones llegaban a ser calamitosas, pues sin el hombre no eran nada. Por esta razón, a las mujeres no se les permitía asistir a los entierros, para evitar los estremecedores ayes de dolor y las situaciones de delirio que les hacían mesarse la cabellera o arañarse la cara. Enrique Casas  (1947)  relataba lo siguiente: <<Entre los vascos, la viuda asistía (al cortejo fúnebre) con la cabeza velada, lanzando gritos desgarradores, y sus amigas aguijoneaban su desesperación con frases como “todo se ha perdido para tí, no te queda sino perecer”>>.

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 Información recogida de:

http://es.wikipedia.org/wiki/Luto#Luto_oficial

http://www.normasdeprotocolo.com/tag/historia-del-luto/

http://protocoloconcorse.es/2014/11/06/de-luto-y-cera-una-pragmatica-de-1502/